En la actualidad, es más que sencillo poder ofrecer un pan o panes de calidad, no en vano la industria panificadora ha evolucionado una barbaridad y no somos pocas las empresas que ofrecemos un conspicuo abanico de panes especiales para hostelería.

Sin embargo, a veces no es solo el disponer de un buen surtido de panes de calidad, sino también el saberlos manipular. El pan precocido necesita de una regeneración en el establecimiento que debe ser precisa, para no estropear el resultado. De igual modo, los panes cocidos y congelados, aunque de forma más sencilla, también es necesario que se sirvan adecuadamente y se dejen descongelar de forma natural.

En definitiva, el pan es mucho más que un acompañamiento, o al menos, así debería ser considerado por los responsables de los establecimientos y negocios de hostelería.

Hay cuatro puntos que yo destacaría para implementar o - en el mejor de los casos- continuar implementando el desarrollo del consumo “cualitativo” del pan en hostelería.

O, lo que es lo mismo, la mejora de la percepción de nuestros clientes sobre ese producto aparentemente poco significativo y que, como hemos visto, es habitualmente nuestra primera experiencia en una comida y acompaña a cada uno de los platos de la misma (si no es parte estructural de ella):

  1. Mejora de la calidad de producto que ofertamos en el caso de que nuestra oferta sea de una única referencia.
  2. Ofertar una “cesta de panes” con tres o cuatro referencias que cubran en el mayor espectro posible la consonancia con nuestra oferta gastronómica.
  3. Evolucionar hacia una “carta de panes”.
  4. ¿Por qué no una comida con maridaje de vinos y panes con cada plato?